INNOVACIÓN EN LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

Hay múltiples evidencias de que la innovación ha llegado a lo público y busca estructurarse, reglamentarse y dar resultados.

1. Igual que pasa con cualquier avance en el desarrollo humano, como ocurrió con la gestión estratégica, la calidad o el marketing, la nueva oleada de la innovación tarda más en llegar a la administración pública que a la empresa. Pero cuando llega resulta muy importante. Ahora le ha tocado el turno a la innovación pública, aquella que las administraciones deben aplicarse a ellas mismas. De hecho, muchas administraciones se dan cuenta que con la planificación ya no basta, que hacen faltan instrumentos que permitan explorar mejor en tiempos de cambio acelerado. La innovación pública es crear valor público aplicando nuevas soluciones.

2. Además de los retos propios de innovación pública, a las administraciones le van a asaltar múltiples situaciones que desbordan sus encorsetados límites reglamentados. Cada vez hay más propuestas de innovación de fractura que se basan en procesos sin intermediarios. Uber es un app que organiza un sistema de movilidad privado que enerva a los taxistas, Eatwith es una forma de alternativa a los restaurantes con reserva de menús a precio fijo en casa privadas, MonkeyParking es una app que pone en contacto gente que vende la plaza pública dónde tiene aparcado el coche…. La innovación disruptiva removerá los cimientos de la seguridad jurídica y del entorno fiscal de estados y ciudades. La respuesta de la administración no podrá ser burocrática, habrá que dar una respuesta innovadora.

3. De hecho, la propia administración correrá el riesgo de ser desintermediada en algunos aspectos. Ante ello las respuestas burocráticas y lentas solamente conseguirán molestar más a los ciudadanos. La presión por la agilidad y los servicios en movilidad no va a parar de crecer y las administraciones deberán adaptarse a ello.

4. Pero hay otros factores que acercarán las administraciones a la innovación. El enorme potencial del Big Data no lo será tanto sin un comportamiento Open Data de las administraciones. Lo mismo sucederá con la Internet de las cosas. Las ciudades, los espacios públicos tendrán sensores y aportarán datos para mejores usos públicos y privados.

5. Las dos dificultades principales de gestión en innovación pública son:
Primera. La gestión del riesgo en organizaciones nacidas para que todo sea previsible. Gestionar el riesgo con dinero público tiene un plus de responsabilidad. Pero si queremos innovación, hay que asumir que no hay innovación sin riesgo.
Segunda. La gestión del fracaso, algo muy habitual cuando se innova. Los entornos político – mediáticos son poco tolerables con el fracaso. Se impone un cambio de cultura, de lo contrario no habrá más que innovación iterativa y creciente en el sector público.

6. En la innovación pública que viene los nuevos modelos de creación de valor publico serán los equivalentes a los modelos de negocio en el sector privado. Los modelos de creación de valor público serán más abiertos, más mixtos público – privados y más versátiles. Las propias dinámicas de compras sofisticadas o experiencias como las de  de Barcelona son una buena muestra de ello.

7. La innovación pública hasta ahora ha importado todo del sector privado. Hay que crear una innovación pública más capaz de crear productos y servicios nuevos, propios. Para ello se requerirá más talento emprendedor entre los trabajadores públicos. La gestión pública puede ser muy motivadora (su objeto es el bien público) y atraer gente con talento que quiera trabajar con un propósito digno.

8. Para el crecimiento de la gestión pública hace falta una revolución de agilidad. Debemos saber aplicar la filosofía Lean Startup (ciclo de aprendizaje enfocado en el cliente y no en el producto) al sector público, pero pensando y aportando caminos propios. En general, deberíamos desterrar la cultura de las pruebas piloto (demasiado orientadas a sí mismas) y el abuso de un proceso indigesto de medición continuo y sistemático, que mida y compare continuamente los procesos de una organización. Lo que hay que hacer para que salgan cosas nuevas es pensar y no copiar. La medición y comparación es para después, antes mejor pensar.

9. Necesitaremos un nuevo modelo de participación ciudadana para la innovación. Las liturgias de participación muy politizadas no nos servirán para nada. Mejor observar a los ciudadanos que preguntarles. Y una vez tengamos una propuesta de valor en un prototipo compartirla con algunos de ellos y, si es posible, establecer un proceso de co – creación con ellos. La innovación no crece en asamblea.

10. No necesitamos ni reglamentos, ni grandes comités de innovación pública. Necesitamos equipos expertos, de impacto transversal, bien conectados con los que deciden, apasionados, comprometidos. Necesitamos talento innovador. Necesitamos estructuras livianas y mucho liderazgo para el cambio cultural para que la innovación pública despliegue todo su potencial.

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